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lunes, 9 de mayo de 2016

Calamares Boloñesa

Hace unas semanas me llama mi primo y me dice que tiene en casa unos calamares para mi. ¡Qué suerte!, yo ya empiezo a salivar solo de pensar en esos calamares pescados por mi tío en el Cantábrico. Aún sin tenerlos en mi poder, ya voy dándole a la maquinita para ver como los hago.

Barajé receta tradicional, en su tinta, guisados, plancha, rebozados o con alguna salsa de siempre. Pero ya que estábamos, casi dos kilos de calamares eran la ocasión perfecta para montar comidita dominguera especial. Así que además de tasyfridays, hicimos un tastysunday.  Fin de semana completo. Por supuesto, el invitado de honor fue el mensajero que se encarga de transportar tan distinguida materia prima desde el norte a los madriles. Al final, éramos cinco los que nos juntamos para dar cuenta de los calamares.
En nuestros viernes tasty, ya tengo algunas recetas de calamares, probadas y buenísimas. Unos calamares rellenos con sus patitas y langostinos (click aquí para ver la receta), un calamar relleno de picadillo que podéis ver haciendo click aquí; o unos clamares a la andaluza con lima que podéis ver aquí. Pero no era el día de repetir, ya sé que cuando vienen invitados a casa no es muy buen momento para innovar. Pero el que no arriesga, no gana, no prueba y no se divierte.  Los invitados eran de confianza así que cuando vienen a casa, ya vienen predispuestos a hacer de conejillos de indias.

En este caso la inspiración la busqué en un cocinero gallego que llamó mi atención con su receta de Calamares Boloñesa, Pepe Solla. La verdad es que no cambié nada, salvo cocinar las tiras de calamar que él sirve crudas y buscar un acompañamiento. Bueno digo nada, pero seguro que mil detalles más hay que un cocinero como él pondrá en el plato. Pero es un plato adaptable a nuestras cocinas con el que comer los calamares de una forma diferente.


INGREDIENTES
(5PAX)

1700g. de calamares
3 dientes de ajo
160g de cebolla
7 tomates pera
Vino blanco
Sal y pimienta
Aceite de Oliva
Albahaca fresca
Queso parmesano en un trozo. No necesitamos mucho, es sólo para servir.

Lo primero que tenemos que hacer es limpiar los calamares, os dejo un enlace de como hacerlo (click aquí). A continuación cogemos las patas y las aletas y los picamos muy fino. Si tenéis una picadora es la mejor opción, hay que dejarlos muy picados.
En una sartén con un poco de aceite de oliva sofreímos el ajo picado fino y antes de que empiece a dorarse echamos la cebolla picada también muy menuda. Incorporamos las patas y aletas de los calamares bien picados y previamente salados.  Mientras se van haciendo pelamos y picamos en trocitos menudos los tomates. Los incorporamos a la sartén. Regamos con un chorro de vino blanco. Ahora echamos sal y pimienta, no seáis tímidos y probad el punto de sal. Añadimos una cucharada de albahaca fresca picada y dejamos hacerse a fuego medio durante unos 20 minutos más o menos. Tiene que quedar reducido y con la misma apariencia de cuando hacemos una boloñesa de carne.


Ahora le toca el turno a los cuerpos. Mis calamares ya estaban congelados previamente sin saber el plato que iba a hacer. Una vez descongelados, abrí los cuerpos con un corte de delante a atrás y corté tiras lo más finas posibles en ese mismo sentido.



En el plato original de Pepe Solla, él hace el corte que os digo de delante a atrás y los enrolla. Esos rollitos los congela y cuando están semicongelados los corta con el cuchillo perpendicular a lo largo del rollito. Lo que consigue son unos espaguetis de calamar muy finos que aliña con aceite, sal y pimienta. Él los sirve así, en crudo y con la boloñesa y unas lascas de parmesano por encima.

Después de este paréntesis con la receta original, sigo con mi modus operandi. Una vez tenemos cortadas las tiras, las salpimentamos. En una sartén con un poco de aceite de oliva las salteamos hasta que estén hechas.

Llega el momento de emplatar. Ponemos un montoncito de tiras de calamar en el plato. Echamos la boloñesa por encima y terminamos con unas lascas de parmesano. Las lascas de parmesano son fáciles de hacer con un pelador.

En este caso acompañé el plato con un poco de arroz integral servido con pesto. Para el arroz solo tenéis que seguir la pauta de siempre. Dos de agua por uno de arroz. En el arroz integral recomiendan echar un poco más de agua. Si los hacéis en olla rápida no hace falta. En una olla normal, podes ir viendo si necesita un poco más de agua para terminar de hacerse y quedar en su punto. Por supuesto puede acompañarse de arroz normal, o de otro acompañamiento que se os ocurra. Una vez listo lo podemos poner en el plato con ayuda de un molde para que nos quede más bonito.

Echamos el pesto por encima del arroz y listo. La receta del pesto ya la he puesto en mi otro blog, así que para no repetirme, os dejo el enlace haciendo click aquí.

El resultado me ha encantado y juzgar por las repeticiones de los demás comensales a ellos también.


¡Espero que os guste!

jueves, 22 de octubre de 2015

Risotto de Bogavante

Esta receta tiene varios pasos pero en conjunto no es muy complicada. Os prometo que merece la pena y que os harán la ola varias veces. Una asegurada con el primer bocado y otra al final. Y ya en el camino el "mmmm, tú si que sabes", "que rico está", "este plato es winner" y el "tienes que hacerlo más veces". Quieras que no a nadie le disgusta que le digan lo bien que lo hace. Es verdad que el momento ayuda a que todo sepa mejor, pero en este caso el sabor del risotto también tenía que ver.

Los risottos suelen llenar bastante y aunque mucha gente opina que para cenar son muy pesados, el caso es que es viernes y tenemos conversación y sobremesa nocturna suficiente para digerirlo en condiciones.

El arroz que utilicé es arborio, no lo hay en todos los sitios, pero buscadlo porque el resultado para el risotto es muy bueno. Y esta vez con las cantidades, aunque pongo para dos, me pasé un poco y sobró. La verdad es que al día siguiente aunque no estaba como recién hecho estaba buenísimo. Los bogavantes son de 500g más o menos, por si los que compráis son más grandes tened en cuenta que utilicé dos de este peso.

El comienzo de la preparación es un poco gore, porque se supone que los bogavantes están vivos y hay que separar la cabeza de la cola. Si los habéis tenido un rato en la nevera igual están un poco atontados y no pasa nada. Las pinza suelen estar sujetas con gomas así que tampoco os van a atacar. Y si no os veis con fuerzas de meter cuchillo y separar la cabeza de la cola, pues ahí tenéis al ayudante que va a saborear el resultado y que se supone que está poniendo música para ir entrando en ambiente. Le dais el cuchillo y que haga el trabajo sucio.


INGREDIENTES
(2PAX)
83g de cebolla
51g de zanahoria
35g de puerro
1rama de apio
1 cucharada de tomate concentrado
Brandy
40g de cebolleta
48g de mantequilla
Aceite de oliva
200g de arroz arborio
Pimienta de Cayena (guindilla)
Estragón y tomillo frescos
160g de tomate pelado


Una vez superado el drama de cortar la cabeza a los bogavantes, poned agua a hervir, cocer las colas durante 30 segundos y retirad. Echar las pinzas y cuando empiece a hervir el agua otra vez, retirar del fuego y dejar ahí hasta que se enfríen.
Picad la cebolla,  y sofreir en aceite de oliva, echar la zanahoria en trozos, el puerro y el apio. Dejad que se hagan y echad la cucharada de salsa de tomate concentrado ( si no la queréis hacer, venden tomate concentrado o pasta de tomate, si la queréis hacer aquí tenéis la receta, dejadla que se consuma mucho, mucho, mucho y no le echéis ninguna hierba aromática). Damos unas vueltas.

Echamos las cabezas apalstadas del bogavante (yo les he dado con un martillo) y las cáscaras de las colas. Ponemos el fuego medio y damos otra vez vueltas, se agarrará un poco pero da igual. Antes de que lo que se pega se queme echamos un buen chorro de brandy y con ayuda de una cuchara desglasamos, esto es, vamos despegando del  fondo todo lo que se ha ido pegando con una cuchara o pala de madera. Una vez hecho esto cubrimos con agua. Yo he echado dos cazos del caldo de cocer el bogavante y el resto de agua del grifo.  Dejamos cocer unos 10 minutos, cuando quedan más o menos 3 minutos echamos 2 ramas de tomillo y estragón, solo encontré tomillo fresco. El estragón lo utilicé seco. Ahora pasamos o por un chino o un colador, el caldo que sacamos lo ponemos al fuego para mantenerlo caliente. Todo lo que os he contado hasta aquí lo podéis hacer con antelación.


Picamos la cebolleta y sofreimos con 13 g de mantequilla y un chorrito de aceite. Tened la precaución de que no se dore. Cuando esté poniéndose transparente, echamos el arroz y dando unas vueltas dejamos que se ponga también transparente. Salamos y echamos un pelín de pimienta de cayena, las guindillas de toda la vida. Echamos un cazo del caldo que tenemos caliente y dejamos que se absorba, vamos echando el caldo poco a poco, a medida que el arroz lo va chupando. También podemos ir rectificando un poco el punto de sal, que el caldo no lo habíamos salado. Así hasta que el arroz esté cocido. A mi me llevó unos 20 minutos, el fuego no debe estar muy fuerte. Ahora echamos el resto de la mantequilla y vamos removiendo hasta que se funda. Por últimos, añadimos la carne del bogavante en trozos y el tomate pelado y cortado en cuadraditos. Damos una vuelta y dejamos reposar tapado 2 minutos.

Es hora de servir, picamos un poco de cebollino por encima, una pizca de estragón y adornamos con una ramita de tomillo.

A por ello que hay que darle sabor al viernes.


miércoles, 28 de mayo de 2014

Secreto Ibérico con Risotto de Torta del Casar y Trufa

La semana pasada, cambiamos de día de celebración. El motivo lo merecía, era nuestro décimo aniversario de boda, así que nos decantamos por un tastythursday.
Soy fan de la torta del Casar, ese queso extremeño que hasta que no te lo acabas no puedes parar de untar. No te conquista precisamente por su olor, pero una que es asturiana ya está más que acostumbrada a no dejarse intimidar por el olor de un queso. A todos os sonará el Cabrales, que desde aquí aprovecho para decir que no es verdad que tenga que tener gusanos para que sea bueno. Pero en Asturias hay más de 40 variedades de queso, lo que la convierte en la región con más variedad de quesos de Europa, teniendo en cuenta su tamaño. Os animo a descubrirlos.
El risotto es una receta de un cocinero llamado Toño Pérez, del Restaurante Atrio en Cáceres, aunque él no lo denomina risotto sino arroz cremoso.




INGREDIENTES
(2PAX)

1 Secreto Ibérico
3 chalotas
150g de arroz bomba
15g de mantequilla
30g de Torta del Casar, yo eché un poco más
50ml de Nata
150ml de caldo de carne
Aceite de Oliva
4 cucharadas de salsa Périgueux
¿Bovril?
sal y sal gorda o en escamas

Se sofríen las chalotas picadas menudas en aceite de oliva. A continuación se agrega el arroz y se rehoga. Ahora la receta original, pone que se vaya añadiendo la nata poco a poco  mientras va cociendo el arroz. Pero, hay un pero; el caldo que tenemos de carne es para añadir al final y la cantidad de nata no es suficiente para cocer el arroz. Así que yo lo que hice fue ir añadiendo agua, un poco menos del doble de la cantidad que tenemos de arroz, porque también hay que tener en cuenta la cantidad de nata y el líquido posterior. Resumiendo, le iba añadiendo un poco de agua, un poco de nata. Así hasta que casi está en su punto.
Entonces ponemos el secreto a hacerse a la plancha. Y continuamos con el arroz. Añadimos dos de las trufas bien picadas, el caldo de carne, la mantequilla y la torta. Removemos hasta que quede bien unido y rectificamos de sal. Este último paso se supone que debe ser fuera del fuego, pero queda mucho líquido, así que lo volví a poner al fuego hasta que quedó cremoso.
¿Por qué pongo en los ingredientes que yo eché un poco más de torta? Pues porque cuando lo probé al añadir todo se me quedaba muy justo de sabor a queso.

Vamos allá con la salsa Périgueux. Es una salsa de origen francés, de la región de Perigord. Su base es la salsa demi-glace, que se elabora a partir de un fondo oscuro de carne, dejándolo reducir muchas horas hasta que coge una consistencia gelatinosa. A esta salsa se le añade jugo de trufa y trufas picadas. Pues bien, yo no tenía mucho tiempo, así que esta vez me decanté por utilizar un concentrado de buey llamado Bovril.  El Bovril es muy espeso y salado, con un sabor muy fuerte. Lo que hice fue coger una cucharadita y aligerarla con el jugo de las trufas, si no tenéis suficiente jugo le añadís también unas gotas de agua. Esto lo podéis hacer mientras se cuece el arroz, para así tenerlo listo. No le piqué trufa porque las dos que quedaban las reservé para emplatar.
Como ya os he dicho que no tenía tiempo también utilicé el Bovril para hacer el caldo de carne. En 150ml de agua caliente añadí otra cucharadita.

Y después de todos estos apaños, seguimos. Sacamos el secreto de la plancha, lo troceamos en perpendicular a la veta de grasa y poniendo el cuchillo lo más horizontal posible, para lonchearlo no muy grueso. Le espolvoreamos sal gorda o en escamas. Ponemos encima las trufas que hemos reservado fileteadas. Servimos el risotto y acompañamos con un poco de la salsa Périgueux.




                                   



¿El resultado? Ya me contaréis, yo todavía me estoy relamiendo.

¡Qué cabeza! se me olvidaba el postre.


Algo tan sencillo y tan rico como unas cerezas bañadas en chocolate negro. A mi la receta original me la enseñaron con chocolate blanco que también está increíble. Podéis hacerlas con antelación y presentarlas con el chocolate ya endurecido, como un bombón de cereza.