martes, 14 de junio de 2016

Mi Primera Masterclass Demoslavueltaaldía

Igual que cuando era niña en mi primer día de cole, así me sentía yo el sábado por la mañana cuando sonó el despertador. Con una hormiguita en el estómago que daba vueltas sin parar. Mis primeros días de colegio año tras año, los recuerdo así. Con una mezcla de felicidad y nervios a partes iguales, y con muchas ganas.

Hay gente que se pone nerviosa y se le cierra el estómago, a mi no. Como no desayune antes de salir de casa, podéis compadecer a quien me encuentre al cabo de media hora. El sábado aunque no hubiese desayunado, tampoco habría pasado nada. La ilusión que llevaba conmigo podría salvar a quien se cruzara en mi camino. 

Una vez en el Centro Cultural del Gusto, A punto,  pude ir encontrándome con mis compañeros, y tuvimos tiempo suficiente para ir relajándonos antes de empezar, comentar nuestras dudas e intercambiarnos chaquetillas. Qué a mi esta me queda grande, que a mi esta no me abrocha o que la tuya es de mujer.

¿Cómo se puede sentir alguien a quien le encanta la cocina, le encanta comer, le enamora el mundo de la gastronomía y disfruta de las enseñanzas y platos de Mario Sandoval durante unas horas a 50cm. de distancia? Uno se siente muy bien, uno llega un momento que no sabe ya a donde mirar. Los ingredientes, las explicaciones, las ollas en marcha y un gran maestro. Al principio estaba tan embobada que me costó moverme del sitio, pensaba que si me movía me perdería algo. Pudimos colaborar, pudimos emplatar y pudimos probar platos maravillosos, explicados con mimo, con sentimiento y con dedicación por Mario. Un menú completo, un regalo para nuestros paladares. Pero la hora del servicio se acercaba y Mario tenía que cumplir con sus obligaciones. Así que antes de convertirse en calabaza se marchó.


Entonces llegó él, Kiko Moya, despacio, sin hacer ruido. Nos fue presentando su filosofía y su forma de entender la cocina. Después del subidón anterior, el trabajo de dejarte la mente en blanco es complicado. Kiko, lo consiguió. Cuando ya nos tenía a todos atrapados, pasamos a los fogones. Allí pudimos ver y probar una yema embrionaria que adoptaba una textura de pomada. Una mostaza que parte de unas semillas cultivadas por ellos y se come con unas hierbas cultivadas allí, en su casa. El arroz al cuadrado es un arroz diferente. Es su arroz en el que mezcla sus toques personales con la tradición alicantina, que no es la misma que la valenciana. Kiko Moya cocina así, con el amor por su entorno, con el amor por su tierra y metiendo dosis de rebeldía que consiguen unos platos diferentes
Él cree en lo que hace y para muestra un botón: “Podéis encontrar en google millones de ingredientes y podéis conseguirlos, pero el criterio no lo encontraréis allí”. Ahí queda eso.



Llegó el momento del descanso. ¿Para comer algo? Si algún valiente se atrevía tenía tiempo. Al igual que tuvimos tiempo de comentar, de resetearnos y de conectarnos con el mundo exterior. Cuando nos quisimos dar cuenta allí estaba una gran actriz, Teresa Calo, con su sonrisa y su cercanía
Única para meterte caña con tu actitud ante la cámara, haciéndonos reír, y también sufrir un poquito, Teresa nos dejó su huella particular. Un coaching en toda regla, que nos permitirá sacar lo mejor de nosotros mismos delante de una cámara y delante de los demás. 




El día llegó a su fin. Y me fui, con la misma sonrisa con la que había llegado, feliz y con muchas ganas de más.


viernes, 10 de junio de 2016

Rollitos de Conejo, Morcilla y Setas

Para hacer un plato especial, no hace falta gastarse una fortuna. Lo que hace falta es un poco de tiempo, un poco de dedicación, una pizca de ilusión, y de vez en cuando alguna vuelta buscando esos ingredientes que le den al plato un toque diferente, que sean capaz de darle un poco de chispa a nuestro paladar. 

Aquí está un ejemplo hecho con conejo, una carne asequible, los últimos tiempos menos, todo hay que decirlo. Confieso que no es una carne que compre habitualmente, no está en mis menús diarios aunque si puede dar mucho juego para estarlo y para visitar tu cocina de vez en cuando.

Pero aquí no estamos en el día a día, para eso tenemos mamaquehay.blogspot.com aquí estamos en ese día, el que elegimos para disfrutarlo despacio, para saborearlo. Que cocinamos con mimo, con los cinco sentidos, sin mirar el reloj a no ser para medir los tiempos de cocción. Y una vez que se termina la preparación, sigues disfrutando de todos los sabores que has creado y de las sensaciones que ese plato está causando a tu alrededor.

A veces, puedes estar tan ensimismado en lo que has planeado, en lo que estás cocinando, que es ese mundo alrededor el que te puede poner los pies en la tierra para hacerte entender que no está todo lo redondo que parecía o que planeabas. Otras veces tú mismo te das cuenta de que quizás el resultado no es el que tú esperabas. Pero eso no debe arruinarte el día o la noche, es un elemento más que el momento, la compañía, la charla y el vino, pueden compensar.  Para eso estamos para experimentar, probar combinaciones, aprender, y sobre todo pasar un buen rato, nuestro buen rato.


Estos rollitos consiguieron una sonrisa en el primer bocado y unos cuantos "ummm, ñam, mmmm", en los siguientes.

INGREDIENTES
(unos cuantos rollitos, para hoy, para mañana y casi para toda la semana)

525g de medallones de conejo con hueso

Salsa
Los huesos del conejo
2 dientes de ajo sin pelar
50g de cebolla
aceite de oliva
Sal
Granos de pimienta
Vino de Oporto
Agua
Maicena

Relleno
La carne de conejo sin hueso, se quedó en 386g
142g de setas (utilicé shiitake, podéis probar con las que queráis)
66g de morcilla de cebolla (la mía era asturiana)
50g de cebolla
Aceite de oliva
sal, ajo en polvo, pimienta y tomillo

1 paquete de obleas de arroz para hacer los rollitos
1 paquete de brotes de rábano para acompañar


Antes de comenzar a explicaros la elaboración, os quería comentar que yo no compré el conejo entero. Encontré unas bandejas donde venía una especie de medallones de conejo y me pareció que para esta elaboración me daría un poco menos de trabajo que con el conejo entero. Pero si compráis el conejo entero también lo podéis hacer, solo es cuestión de tener un poco más de paciencia.


Dicho esto empezamos con el relleno para darle tiempo a entibiarse mientras hacemos la salsa. En una picadora, y si no tenéis pues cuchillo y ánimo, picamos la carne de conejo, que hemos separado previamente de los huesos, y la morcilla. Las setas las picamos a mano en cuadraditos y las añadís a la mezcla. Salpimentamos, sazonamos con un poco de ajo en polvo y tomillo seco. Ponemos a sofreír en una sartén con un poco de aceite de oliva; no mucho que la morcilla soltará grasa. Lo dejamos entibiar. Con las obleas de arroz el relleno no debe estar muy caliente para que no se rompan.

Echamos un poco de aceite de oliva en una olla no muy grande, cuando coja un poco de temperatura sofreímos los huesos a fuego vivo, da igual que se vaya pegando un poquito, pero no dejéis de remover. A continuación echamos los dos dientes de ajo sin pelar y la cebolla pelada y cortada en trozos no muy pequeños más 5 granos de pimienta. Seguimos dando vueltas mientras se van dorando y añadimos un chorro de vino de Oporto, que quede casi cubierto. Aprovechamos para desglasar con el vino, es decir, con nuestra espátula vamos removiendo y rascando los pegadito del fondo. Cuando hayamos terminado de desglasar. Echamos el agua (cuando hablo de un cuarto de vaso, me refiero a los típicos vasos de 200cc).


Bajamos el fuego, salamos y dejamos reducir unos 20-25 minutos. Ahora toca colar y quedarnos con ese jugo concentrado. Como era un poco líquido, le añadí media cucharadita de maicena diluida en un poco de agua (3 cucharadas soperas). Dejamos hervir un poquito. Con esto conseguí darle un poco más de consistencia, pero no quitarle nada del color y el sabor concentrado que tenía.


Vamos con los rollitos.
Cogemos una oblea, la sumergimos en agua tibia para ablandarla. La sacamos y la ponemos sobre una superficie un poco húmeda. Puede ser un paño limpio, una tabla de madera, o en mi caso un papel de teflón similar al de horno, que no me hizo falta humedecer. Si al sacar la oblea del agua véis que tiene alguna fisura, no importa, al enrollar se solucionará.

Ponemos un poco de relleno y vamos enrollando hasta la mitad. En este momento, plegamos los lados hacia dentro y seguimos enrollando hasta acabar el rollo. He procurado que en las fotos quede plasmado el proceso, pero si tenéis alguna duda sólo tenéis que consultarme.




Ponemos un poco de relleno y vamos enrollando hasta la mitad. En este momento, plegamos los lados hacia dentro y seguimos enrollando hasta acabar el rollo. He procurado que en las fotos quede plasmado el proceso, pero si tenéis alguna duda sólo tenéis que consultarme.
Una vez están los rollitos, y si la salsa está muy fría le damos un calentón. Cogemos los brotes de rábano y los aliñamos con un poco de aceite de oliva y sal. Le damos un golpe de microondas a los rollitos. Y solo falta emplatar. Ponemos un rollito o dos en el plato, añadimos por encima unos cuantos brotes. Y me paro que para contar que los brotes de rábano tienen un sabor un poco especial, un poco picante, un poco a tierra, pero con la mezcla del rollito y la salsa son perfectos. Los que os sobren los podéis utilizar en ensaladas.

El toque final: salsear y listo.


sábado, 28 de mayo de 2016

Esto no ha hecho más que empezar: III Campeonato Demos la vuelta al día

Son las 12 de la mañana y hace una semana exactamente a estas horas, estaba hecha un manojo de nervios. A las 10 de la mañana había llegado al Hotel Westing Palace en Madrid para concursar en el III Campeonato Demos que organiza el portal gastronómico de la cadena de supermercados Día www.demoslavueltaaldía.com. Casi cuatro horas después, conseguí una de las ansiadas chaquetillas que me han abierto un camino que, estoy segura, voy a disfrutar muchísimo.

¿Cómo empezó todo? Pues con un mail que despertó mi curiosidad y me hizo ponerme a bucear entre  la dinámica del campeonato. Ahí dije, esto es para mi ¡me apunto!.Pero entre unas cosas y otras el tema se quedó en "standby", había que enviar una foto del plato de tu vida y no tenía muy claro cual elegir. Así, con varias opciones en la mano, llegó la mañana del l1 de mayo. Y con ella el último día para inscribirse y mi decisión en firme de hacerlo. De hoy no puede pasar.

A partir de ahí todo fue muy rápido, recibir el que me pre-seleccionaban me hizo muchísima ilusión, ya había metido un pie. Pocos días después de enviar todo lo que me pidieron para una segunda selección, el 17 de mayo, metí el cuerpo entero. No me lo podía creer, estaba entre los 40 seleccionados de toda España para competir en la semifinal. Veinte en categoría chef, y veinte en categoría foodie, que era la mía, nos veríamos las caras y los cuchillos en distintas pruebas.

Una vez allí, y antes de concursar, pude ir conociendo gente majísima y con los que tengo un interés común, la gastronomía. Así me fui relajando y comencé a disfrutar de una experiencia genial y divertida que procuré exprimir al máximo además de concursar. 



En la primera parte, los chefs realizaron una serie de pruebas basadas en los distintos sentidos. Hicieron una cata de vinos, montaron unas claras a oído, adivinaron los ingredientes de un chutney y realizaron un emplatado con productos Día. ¿Y qué hacíamos los foodies mientras tanto? Pues nos convertimos en gastroreporteros y en la sombra del chef que nos asignaron a cada uno. Durante todas las pruebas que ellos realizaron, nosotros hacíamos fotos o vídeos y comentarios que dieran idea de lo que cada chef estaba haciendo en ese momento. A la vez, las íbamos subiendo a nuestras redes sociales para contarle a todo el mundo de primera mano lo que allí se estaba cociendo.





Llegó la segunda prueba para los foodies, un trivial gastronómico. Diez preguntas en las que tuvimos que demostrar nuestros conocimientos de gastronomía, de cocina y de los anteriores campeonatos.


Después de 20 minutos más o menos y que se hicieron eternos empezaron a nombrar a los 6 foodies y 6 chefs que pasarían a la gran final. Y llegó el momento en el que oí mi nombre y fui feliz, muy feliz.



Y vosotros diréis, pero si todavía queda la final. Sí, todavía queda la final pero hasta llegar a ella voy a estar cinco meses recibiendo masterclasses de grandes cocineros, de grandes profesionales de la cocina, de expertos en redes, de imagen, ¿Qué más puedo pedir? Esto es un gran premio del que voy a saborear cada minuto hasta llegar a la Gran Final.


No os olvidéis de visitar www.demoslavueltaaldia.com, donde podréis encontrar noticias, recetas, trucos y la posibilidad de asistir a cursos de cocina gratuitos, es una comunidad gastronómica en toda regla. Y además seguro que podéis seguir mis avances durante las masterclasses a las que voy asistiendo.


¡Esto no ha hecho más que empezar!

lunes, 9 de mayo de 2016

Calamares Boloñesa

Hace unas semanas me llama mi primo y me dice que tiene en casa unos calamares para mi. ¡Qué suerte!, yo ya empiezo a salivar solo de pensar en esos calamares pescados por mi tío en el Cantábrico. Aún sin tenerlos en mi poder, ya voy dándole a la maquinita para ver como los hago.

Barajé receta tradicional, en su tinta, guisados, plancha, rebozados o con alguna salsa de siempre. Pero ya que estábamos, casi dos kilos de calamares eran la ocasión perfecta para montar comidita dominguera especial. Así que además de tasyfridays, hicimos un tastysunday.  Fin de semana completo. Por supuesto, el invitado de honor fue el mensajero que se encarga de transportar tan distinguida materia prima desde el norte a los madriles. Al final, éramos cinco los que nos juntamos para dar cuenta de los calamares.
En nuestros viernes tasty, ya tengo algunas recetas de calamares, probadas y buenísimas. Unos calamares rellenos con sus patitas y langostinos (click aquí para ver la receta), un calamar relleno de picadillo que podéis ver haciendo click aquí; o unos clamares a la andaluza con lima que podéis ver aquí. Pero no era el día de repetir, ya sé que cuando vienen invitados a casa no es muy buen momento para innovar. Pero el que no arriesga, no gana, no prueba y no se divierte.  Los invitados eran de confianza así que cuando vienen a casa, ya vienen predispuestos a hacer de conejillos de indias.

En este caso la inspiración la busqué en un cocinero gallego que llamó mi atención con su receta de Calamares Boloñesa, Pepe Solla. La verdad es que no cambié nada, salvo cocinar las tiras de calamar que él sirve crudas y buscar un acompañamiento. Bueno digo nada, pero seguro que mil detalles más hay que un cocinero como él pondrá en el plato. Pero es un plato adaptable a nuestras cocinas con el que comer los calamares de una forma diferente.


INGREDIENTES
(5PAX)

1700g. de calamares
3 dientes de ajo
160g de cebolla
7 tomates pera
Vino blanco
Sal y pimienta
Aceite de Oliva
Albahaca fresca
Queso parmesano en un trozo. No necesitamos mucho, es sólo para servir.

Lo primero que tenemos que hacer es limpiar los calamares, os dejo un enlace de como hacerlo (click aquí). A continuación cogemos las patas y las aletas y los picamos muy fino. Si tenéis una picadora es la mejor opción, hay que dejarlos muy picados.
En una sartén con un poco de aceite de oliva sofreímos el ajo picado fino y antes de que empiece a dorarse echamos la cebolla picada también muy menuda. Incorporamos las patas y aletas de los calamares bien picados y previamente salados.  Mientras se van haciendo pelamos y picamos en trocitos menudos los tomates. Los incorporamos a la sartén. Regamos con un chorro de vino blanco. Ahora echamos sal y pimienta, no seáis tímidos y probad el punto de sal. Añadimos una cucharada de albahaca fresca picada y dejamos hacerse a fuego medio durante unos 20 minutos más o menos. Tiene que quedar reducido y con la misma apariencia de cuando hacemos una boloñesa de carne.


Ahora le toca el turno a los cuerpos. Mis calamares ya estaban congelados previamente sin saber el plato que iba a hacer. Una vez descongelados, abrí los cuerpos con un corte de delante a atrás y corté tiras lo más finas posibles en ese mismo sentido.



En el plato original de Pepe Solla, él hace el corte que os digo de delante a atrás y los enrolla. Esos rollitos los congela y cuando están semicongelados los corta con el cuchillo perpendicular a lo largo del rollito. Lo que consigue son unos espaguetis de calamar muy finos que aliña con aceite, sal y pimienta. Él los sirve así, en crudo y con la boloñesa y unas lascas de parmesano por encima.

Después de este paréntesis con la receta original, sigo con mi modus operandi. Una vez tenemos cortadas las tiras, las salpimentamos. En una sartén con un poco de aceite de oliva las salteamos hasta que estén hechas.

Llega el momento de emplatar. Ponemos un montoncito de tiras de calamar en el plato. Echamos la boloñesa por encima y terminamos con unas lascas de parmesano. Las lascas de parmesano son fáciles de hacer con un pelador.

En este caso acompañé el plato con un poco de arroz integral servido con pesto. Para el arroz solo tenéis que seguir la pauta de siempre. Dos de agua por uno de arroz. En el arroz integral recomiendan echar un poco más de agua. Si los hacéis en olla rápida no hace falta. En una olla normal, podes ir viendo si necesita un poco más de agua para terminar de hacerse y quedar en su punto. Por supuesto puede acompañarse de arroz normal, o de otro acompañamiento que se os ocurra. Una vez listo lo podemos poner en el plato con ayuda de un molde para que nos quede más bonito.

Echamos el pesto por encima del arroz y listo. La receta del pesto ya la he puesto en mi otro blog, así que para no repetirme, os dejo el enlace haciendo click aquí.

El resultado me ha encantado y juzgar por las repeticiones de los demás comensales a ellos también.


¡Espero que os guste!

jueves, 21 de abril de 2016

Tastyfridays Outside: Restaurante Navaja

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de visitar este lugar. Navaja ha dado que hablar desde su inauguración debe hacer un año más o menos. Yo por lo que había visto y leído, deduje que había que dejar pasar un poco el aluvión de visitas y la fama que obtuvo desde sus comienzos. Personalmente no me mata ser la primera en conocer un restaurante que se ha puesto de moda. Es más, alguna vez me ha pasado que después de dejar pasar un tiempo e intentar ir, o ya no me llamaba nada, o incluso alguno había cerrado. Navaja seguía en mi mente, mes tras mes, y yo intuía que lo que se cocía allí dentro no tenía desperdicio. Hace unas semanas llegó mi oportunidad. Mi intuición, como siempre, no me la jugó. Si tuviera que resumir la experiencia en una palabra sería "Genial".

Navaja es un restaurante gallego, pero no gallego al uso, gallego con mezcla peruana y asiática. Así que si buscas sabores tradicionales, no vayas. Bueno búscalos en otro y vete a Navaja a disfrutar su fusión. Vete a Navaja a abrirte la mente. Vete a Navaja a notar que tienes paladar. Vete a Navaja a subir, a bajar, y a canallear.

Lo primero que os tengo que contar es que a Navaja se va sin reserva y el comedor tiene pocas mesas. En la zona de la entrada hay un primer espacio con una mesa corrida, un pequeño espacio de barra además de las zonas de apoyo con barra que dan las paredes con sus correspondientes sillas altas. Así que hay que ir y probar suerte.

La carta no es muy extensa, pero aún así te costará elegir. Una camarera con acento gallego y mucho desparpajo te la venderá tan bien y con tanta pasión que os lo pondrá difícil. Dejaros aconsejar y no os defraudará.

Entre los platos que probamos estaban las navajas, no podían faltar. Polvo de cacahuete, habanero y leche de tigre son algunos de los sabores que dan un punto muy diferente a este molusco.



Tampoco nos pudimos resistir al aguachile black tiger, entre Méjico y Perú. O al Hamachi con maracuyá, cuando los recuerdo se me hace la boca agua.



Los baos de presa ibérica y los de cangrejo de concha blanda no nos bajaron de la montaña rusa de sabores en la que nos habíamos subido.


Y como broche final el Tom Pay, un postre con obleas chinas y crema de limón entre otros ingredientes que está impresionante.



Una aventura culinaria os espera en Navaja, no os la perdáis.

Restaurante Navaja
Calle Valverde 42
Madrid



jueves, 14 de abril de 2016

Jurel con Remolacha, Salsa de Rábano y Ensalada de Berros

Se acerca el fin de semana y aquí estoy yo con un plato para dos, o para los que queráis. Lo importante es que sea un plato para pasar un buen ratito más y disfrutar, ya sea en pareja, con amigos o en familia. Sólo tenéis que multiplicar cantidades en función de los que se apunten y listo.

La receta de hoy es con un pescado de lo más económico, se puede hacer con jurel o con caballa, son dos pescados azules, muy similares y que casi siempre están a un precio muy competitivo. A veces no hace falta gastarse un dineral en pescados carísimos para conseguir un platazo muy digno. Hay hueco para todos, y ocasiones para cada materia prima.

La caballa sin ir más lejos, estaba a 2,50€ el kilo, ese precio hay pocos pescados que lo superen. En realidad yo iba a por caballa pero eran un poco pequeñas, el jurel tenía un tamaño mejor para sacar los filetes y por eso me lo llevé. Caballa he comido muchas veces, me gusta ponerla para cenar, simplemente a la plancha y aunque es un pescado contundente, todos en casa se lo comen sin rechistar. Jurel o Chicharro (esto de los nombres de los pescados y las zonas es todo un mundo) era la primera vez, pero me fié de la pescadera que me dijo que eran bastante similares.

Buscarle un toque diferente era la misión para este viernes noche, y ese toque diferente vino con el acompañamiento. Ingredientes dispares como la remolacha y el rábano picante, pero que con el dulzor de una, el picante del otro y la fuerza de este tipo de pescado redondean un plato fácil, ligero y muy rico.
Una cena perfecta para empezar dándole un buen bocado a nuestros días de descanso.

INGREDIENTES
(2pax)

1 Jurel en dos filetes (depende de lo que comáis o de lo grandes que sean quizás necesitéis 1 y 1/2)
300g de remolacha cocida
1 bote de rábano rallado (lo podéis encontrar en la sección internacional de los supermercados, concretamente en alimentos alemanes)
1bolsa de berros
1 y 1/2 limones
150g de crème fraîche
Mostaza de Dijon
Sal y Pimienta
Aceite de Oliva

Lo primero que haremos será la salsa de rábano. Para ello mezclamos la crema fresca, con dos o tres cucharaditas de rábano. Añadimos una cucharadita de mostaza, sal, pimienta y el zumo de medio limón. Una aclaración el rábano tiene un toque picantito y la mostaza también, así que primero echad dos cucharaditas de rábano y cuando esté todo mezclado probáis si os hace falta la tercera. La remolacha es contundente, así que necesita alegría. Pero esto del picante es muy personal. Yo confieso que eché un poquito más de mostaza al probarla.

Ahora cortamos la remolacha en dados no muy grandes, le echamos sal y pimienta, el zumo de medio limón, añadimos unas cucharadas de la salsa de rábano y reservamos.

Hacemos nuestra ensalada de berros, aliñándola con sal, pimienta y zumo de limón. Recordad reservar unas hojas de berros para emplatar.

Salpimentamos los filetes de jurel y los hacemos a la plancha con aceite de oliva. Se hacen enseguida, así que controlad bien que no se os pasen de punto. Si queréis cuando estén podéis también echarles unas gotas de limón por encima.

Ya solo nos queda emplatar. Puse la remolacha debajo del jurel, un poquito de la salsa de rábano en un lado y debajo de las hojas de berro un montoncito de rábano rallado. La ensalada la servimos aparte y listo, que ya no nos cabe más en el plato.

El resultado no sólo es bonito, es muy fresco, con contraste de sabores y riquísimo.




Espero que os guste y que sea vuestro plato estrella del fin de semana.

martes, 15 de marzo de 2016

Cheescake de Limón

Creo que este es el primer postre que cuelgo en tastyfridays. Yo soy de las que perdonan el postre a menudo. Muchas veces con una onza de chocolate negro tengo suficiente.

Además, si los viernes noche hiciera también postre, el tiempo de elaboración la mayoría de las veces empezaría el día antes. Que también podría ser, no digo que no. Lo que sí estaba claro es que mi primer tastyfridays a domicilio qué os conté en la entrada anterior (click aquí) tenía que llevar el menú completo, con postre incluido. Y fue para este día para el que pensando y buscando encontré broche final adecuado para la ocasión.

Elegí esta tarta de queso con crema de limón, no la había hecho nunca. Esto, cuando estás ante un acontecimiento importante no es muy recomendable. Pero como me gusta el riesgo, aposté "tarta de queso que es la primera vez que haces" a caballo ganador, y creo que no me equivoqué. Aún así la hice el día antes, por si los astros se alineaban contra mi, buscar un plan b.

La tarta es una receta del Alma's Cupcakes, ella la hacía en moldes desmoldables de 11cm. y le salían 3. Yo hice el doble de cantidad, menos de la crema de limón que hice la cantidad que ella decía. Como no tenía moldes desmoldables, utilicé aros de emplatar un poco más pequeños de diámetro. Hay que ponerles papel sulfurizado alrededor para después poder desmoldar bien las tartas. Se puede hacer una tarta entera para dividir en porciones. Os dará menos trabajo. De una manera o de otra es espectacular, os lo digo yo que no soy muy golosa.

INGREDIENTES:

Para la base:

-200g de galletas Digestive trituradas
-2 cucharadas de azúcar
-100g de mantequilla

Para la tarta:

-1 kg. de queso de untar tipo Philadelphia
-280g de azúcar moreno
-4 huevos
- 2 cucharadita de extracto de limón (yo eché una cucharadita de ralladura)
-250ml. de nata para montar

Para la crema de limón:

-2 limones
-125ml. de agua
-100g de mantequilla
-2 huevos


El primer paso, una vez hemos engrasado el molde o puesto el papel alrededor de los aros, es hacer la base. Utilicéis el molde que utilicéis poned papel también en la base, que os ayudará a la hora de trasladarla a un plato. Trituramos las galletas y las mezclamos con la mantequilla derretida y el azúcar. Cuando tengamos el conjunto bien mezclado la repartimos por la base presionando un poquito y asentándola bien. La metemos en la nevera a enfriar.


Preparamos entonces el relleno. Batimos, mejor con ayuda de las varillas de un robot o batidora, el queso con el azúcar. Vamos introduciendo los huevos uno a uno hasta que estén bien integrados. Incorporamos la nata y después el extracto de limón o la ralladura.

Sacamos los moldes de la nevera y rellenamos con la mezcla. Introducimos en el horno precalentado a 180º durante 10 minutos para bajar después la temperatura a 120º y hornear durante 20 minutos, por lo menos. Hay que dejarlos hasta que estén cuajados, pero con cuidado de que no vayan a rajarse. Mirad a los 20 minutos y vais dejando más tiempo de poco en poco lo que necesiten. Las mías eran altas y han tardado más tiempo. Vais tocando la superficie hasta que veáis que están cuajadas. Entonces la retiráis y dejáis enfriar a temperatura ambiente. Una vez frías las metéis en la nevera durante dos horas.

Es el momento de hacer la crema. Este tipo de cremas suelen cocinarse al baño maría, pero en este caso no lo decía, así que la hice sin baño maría. Se ponen todos los ingredientes en un cazo, teniendo la precaución de batir los huevos antes. El fuego ha de ser lento y no parar de remover hasta que espese. Cuando espese la quitáis del fuego, tapáis con un film, pero que la toque sin dejar espacio entre la crema y el film. Dejáis enfriar a temperatura ambiente. La crema una vez fría espesará un poco más todavía. Si mientras la estáis haciendo os sale algún grumito blanco, tened cuidado porque es el huevo que se cuaja. Si os ha salido alguno, con pasarla por un colador os libraréis de ellos, pero controlad la temperatura y removed.


Una vez fría sacamos las tartas de la nevera y echamos la crema por encima. Le ponemos algo de color y listo.

El resultado es genial y la crema le da un toque de frescor buenísimo.